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40 DIAS CON CRISTO EN EL CENTRO DIA 3

SEÑOR Y SALVADOR
Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el Reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2ª Pedro 1:11

Uno de los temas más importantes al estudiar el Señorío de Cristo en nuestras vidas, es el tema acerca de la obra de Cristo realizada en la Cruz y sus consecuencias en favor nuestro, ésta acción de Cristo a nuestro favor nos hace salvos.
La palabra de Dios nos deja claro que ésta Salvación es por Gracia, nos es por méritos propios, no es por lo que hayamos hecho, es por lo que Él ha hecho.[1]
La obra más grande que Dios pudo haber hecho a través de Cristo es nuestra Salvación, es por eso que los que hemos creído en Él y lo hemos aceptado como el Salvador de nuestras vidas, debemos incorporar a Cristo como nuestro Señor.
Que Él sea nuestro Señor y Salvador le da sentido a la obra salvífica de Dios, la completa. Salvación es lo que ha hecho por nosotros y Señorío es lo que nosotros le reconocemos como consecuencia de la Salvación que nos ha dado. Y esto completa el pacto que hicimos con Él: que Jesucristo nos salvaría y nosotros le serviríamos en Santidad y Justicia todos los días de nuestras vidas[2]. La única manera de vivir en Santidad y Justicia durante el resto de nuestra vida es solo si “Cristo está en el Centro de nuestra vida”. Eso es Señorío de Cristo.

El Salvador Jesucristo nos ha dado la solución eterna a nuestra incapacidad de ser salvos por nuestros propios medios. La única razón por la cual Cristo tomo nuestro lugar fue para darnos la salvación tan grande, que debemos cuidar con temor y temblor.

El pastor Jorge Himitian[3] nos dice que el mensaje de los apóstoles en la biblia es claro, “ellos no mutilan el mensaje, ellos declaran sin dejar dudas que Cristo murió y resucito para ser Señor”[4].
Cristo murió en la cruz para darte la Salvación y para ser tu Señor, no se concibe una idea sin la otra, van juntas y tenemos que empezar a vivir de acuerdo a esta verdad.

Si contamos en la Biblia los vocablos relacionados con lo que en español traducimos como Señor veremos que el énfasis en el Señorío de Cristo está implícito en el mensaje de la Escritura. La palabra Salvador (Soter en griego) la encontramos en 16 oportunidades, sin embargo el vocablo Señor (Kyrios en griego) tiene una recurrencia de 610 veces.
¿Cuál es el mensaje de estas cantidades? ¿Cuál es la conclusión a la que llegamos?
¿Que el Señorío es más importante que nuestra Salvación? Claro que ¡NO!, rotundamente ¡NO!
El mensaje es que debemos aceptar la salvación tan grande por fe y reconocerle nuestro Señor, este es el mensaje claro de la Palabra.


Muchos cristianos aceptan a Cristo como el salvador de sus vidas, sin embargo, el que está en el centro de sus vidas es su propio ego, es otra persona, es el dinero, es el trabajo, son los proyectos, etc.
¿Es Cristo el Señor y Salvador de nuestra vida?
Si es Señor y Salvador, no solo habrá direccionado nuestra vida hacia la eternidad, sino que también guiará cada paso, cada acción, cada motivación en nuestro día.
Has esta oración:

“Señor, hoy comprendo que he aceptado tu sacrificio y he obtenido así una salvación que yo no hubiese podido obtener, gracias por esta salvación tan grande. Pero delante de ti, te doy el lugar más importante en mi vida, el centro de mi ser. Te reconozco el Señor de mi vida, en el nombre de Jesús”


[1] Efesios 2:8-9
[2] Lucas 1:71-75
[3]Jesucristo es el Señor, Jorge Himitian
[4] Romanos 14:9 “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor…”

40 DIAS CON CRISTO EN EL CENTRO DIA 2


DESCARRIADO NO, PASTOREADO SI
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, más Jehová cargó en él, el pecado de todos nosotros…”  Isaías 53:6

Nos movemos en base a declaraciones y afirmaciones, estas afectan nuestra vida y nuestra relación con Dios. Una de las afirmaciones más importantes que cada uno de nosotros debe hacer es: “Cristo es el Señor de mi vida”.
Claro que la Biblia nos enseña que el ser humano ha tomado su propio rumbo y no deja que ésta declaración sea una realidad en su vida.
El profeta Isaías nos habla de esta verdad comparándonos con uno de los animales más dependientes que existen, las ovejas. Dicen los que saben que este animal necesita de alguien que lo guie en todo tiempo. Es un animal tan dependiente que no puede procurarse el alimento ni el agua por sí solo, siempre necesita de aquel que le esté cuidando.

David en el Salmo 23 nos habla de esta dependencia y nos dice “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce…”[1]

Este Salmo nos habla de las bendiciones de tener un pastor como el Señor, sin embargo el profeta nos dice que “todos nosotros nos descarriamos y nos apartamos por nuestro propio camino”. El querer caminar solo, sin la ayuda de Dios hace que nos desviemos por el camino que nos aleja de nuestro Señor.

El mensaje del profeta Isaías nos debe llamar la atención y prevenirnos. No podemos vivir sin Dios, la vida sin Él sería un caos, nos llevaría a nuestro fin. En este día debemos definir cuál va a ser nuestra conducta frente a esta realidad. Él cargó nuestro pecado, Él tomó tu pecado y el mío para que podamos decir como el salmista que el Señor es nuestro Pastor.

¿Qué hacer entonces en este día?
1.     Reconocer que nos hemos descarriado, que hemos tomado nuestro propio camino y que necesitamos que él tome nuestro pecado y lo aleje de nosotros.
Nuestro propio actuar y nuestros pecados impiden que Cristo tome el control de nuestras vidas, él no puede ser nuestro Señor si no damos este paso. Hay una bendición muy grande que viene sobre aquellos que tomamos esta decisión, esa bendición se llama Salvación. En ningún otro hay Salvación, solo en Él. Debes tomar esta decisión hoy: deja el camino que has tomado y haz que Cristo tome el lugar de Señor y Salvador de tu vida, creyendo con tu corazón y confesando con tu boca que Jesucristo es tu Señor.

2.     Tomar las bendiciones que vienen a partir de la decisión anterior: “El Señor es tu pastor, nada te falta”
Esta es la parte más linda para los que anhelamos y dejamos que Dios sea el Centro de nuestras vidas, es la de vivir y gozar de esa Salvación y Señorío, es comenzar hoy con los beneficios de dejar que Él tome el control de nuestras vida. Esto es, empezar a experimentar la bendición la provisión de Dios a cada instante y en cada situación.

David, el salmista nos dice que si Dios es nuestro pastor, nada nos falta. Es la mejor noticia de hoy, nada, nada nos falta.
Esta declaración incluye todo, pues si no nos falta nada es porque lo tendremos todo.
Tendremos toda la provisión necesaria, tendremos todo el descanso que necesitamos, tendremos toda la compañía en tiempos difíciles, toda la fuerza que nos hace falta, tendremos su compañía siempre.

Haz esta oración:
“Señor en este día declaro que Tú eres mi pastor, que nada me falta a tu lado. Reconozco que he estado descarriado en algunas de las áreas de mi vida, que he tomado mi propio camino, pero hoy vuelvo a Ti. Hoy tomo las bendiciones que me has prometido y vivo dejándote que ocupes el lugar principal en mi vida. Señor toda el control de mi vida, se hoy el Señor de mi vida. En el nombre de Jesús”



[1] Salmo 23:1-2 NVI


40 DIAS CON CRISTO EN EL CENTRO DIA 1

SE DOBLARÁ TODA RODILLA Y TODA LENGUA CONFESARÁ
“Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:10-11

Al comenzar esta serie de 40 días con Cristo en el Centro, consideraremos unos de los versículos que serán lema en el CFC durante este año.

Pablo, el apóstol, nos instruye acerca de Cristo y su condición como el Señor de nuestras vidas. En el capítulo 2 de Filipenses, Pablo nos enseña acerca del sentir de entrega que hubo en Cristo, una entrega tal que hizo que se humillara hasta lo sumo, hasta morir en la cruz por cada uno de nosotros.[1]
Este hecho provocó una acción de Dios que fundamenta el Señorío de Cristo, Él se humilla a sí mismo y Dios le exalta hasta lo sumo y le da un nombre que es sobre todo nombre.[2] La humillación de Cristo hace que Dios le exalte de tal manera que produce que se le dé un nombre que es sobre todo nombre. No hay un nombre más importante que el nombre de Jesús, frente a esta verdad y delante de esta realidad solo existen dos acciones posibles a realizar:

1.     Doblar nuestra rodilla delante de Él.
Esta acción es algo que tiene que pasar en la vida de cada uno de nosotros, el mismo profeta Isaías habla de esto “se doblará toda rodilla y confesará toda lengua”[3].
Muchos hemos doblado nuestra rodillas cuando estamos en oración, esta es una muy buena práctica, pero cuando hablamos de que toda rodilla se doblará estamos hablando de algo mucho más importante que doblar nuestras rodillas cuando oramos estando en actitud de adoración (Esto es importante, debemos hacerlo y no dejarlo).
Pero el apóstol nos habla de doblar nuestra rodilla ante un Nombre que es sobre todo nombre, no en ocasión de estar haciendo algo (orando) sino al estar en presencia de alguien a quien se le ha dado un nombre que ocasiona que nuestras rodillas se doblen. Es no poder estar de pie cuando estamos delante de Él.
Doblar nuestras rodillas es reconocer la Grandeza de ese Nombre y nuestra insignificancia, doblar nuestras rodillas es reconocer lo que ha hecho por nosotros, doblar nuestras rodillas es una actitud que dice, ya no tenemos la capacidad de estar de pie frente a nuestro Señor, es una indicación de entrega total a él.

2.     Confesar con nuestra lengua que Jesucristo es el Señor.
Al confesar con nuestra lengua que Jesucristo es el Señor, lo que realmente estamos haciendo es posicionar a Cristo en un lugar superior, en el lugar más importante de nuestra vida. Al confesar que Él es el Señor, le estamos atribuyendo autoridad sobre nuestra vida. Dios le da un Nombre que es sobre todo nombre y nosotros con esta confesión le hacemos nuestro “Señor” (Kyrios) nuestro dueño, nuestro jefe.

Estas dos acciones van juntas, doblamos nuestras rodillas ante el que tiene un nombre que es sobre todo nombre y confesamos con nuestra boca que es el Señor.
En este día, empecemos a poner en práctica lo que debe ser un hábito en cada uno de nosotros.

Sígueme en esta oración:
“Señor, quiero comenzar estos 40 días contigo en el Centro como mejor pudiera hacerlo, hoy te doy gracias por lo que has hecho por mí, no sería nada sin Ti. En este momento doblo mis rodillas, no por algo que voy a hacer, lo hago por quien eres Señor, tu Nombre es lo más grande que existe y ahora confieso con mi entendimiento que eres mi Señor y te doy el centro de mi vida, ocupa el lugar de Señor dentro mío, tu mandas en mí, renuncio a controlar mi vida y dejo que tú la controles, en el nombre de Jesús. Amén”




[1] Filipenses 2:5-8
[2] Filipenses 2:9
[3] Isaías 45:23
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