SE DOBLARÁ TODA RODILLA Y
TODA LENGUA CONFESARÁ
“Para que en el
nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la
tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el
Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:10-11
Al comenzar esta serie de 40 días con Cristo en el
Centro, consideraremos unos de los versículos que serán lema en el CFC durante
este año.
Pablo, el apóstol, nos instruye acerca de Cristo y
su condición como el Señor de nuestras vidas. En el capítulo 2 de Filipenses,
Pablo nos enseña acerca del sentir de entrega que hubo en Cristo, una entrega
tal que hizo que se humillara hasta lo sumo, hasta morir en la cruz por cada
uno de nosotros.[1]
Este hecho provocó una acción de Dios que
fundamenta el Señorío de Cristo, Él se humilla a sí mismo y Dios le exalta
hasta lo sumo y le da un nombre que es sobre todo nombre.[2]
La humillación de Cristo hace que Dios le exalte de tal manera que produce que
se le dé un nombre que es sobre todo nombre. No hay un nombre más importante
que el nombre de Jesús, frente a esta verdad y delante de esta realidad solo
existen dos acciones posibles a realizar:
1.
Doblar
nuestra rodilla delante
de Él.
Esta acción es algo que tiene que pasar en la vida
de cada uno de nosotros, el mismo profeta Isaías habla de esto “se doblará toda
rodilla y confesará toda lengua”[3].
Muchos hemos doblado nuestra rodillas cuando
estamos en oración, esta es una muy buena práctica, pero cuando hablamos de que
toda rodilla se doblará estamos hablando de algo mucho más importante que
doblar nuestras rodillas cuando oramos estando en actitud de adoración (Esto es
importante, debemos hacerlo y no dejarlo).
Pero el apóstol nos habla de doblar nuestra
rodilla ante un Nombre que es sobre todo nombre, no en ocasión de estar
haciendo algo (orando) sino al estar en presencia de alguien a quien se le ha
dado un nombre que ocasiona que nuestras rodillas se doblen. Es no poder estar
de pie cuando estamos delante de Él.
Doblar nuestras rodillas es reconocer la Grandeza
de ese Nombre y nuestra insignificancia, doblar nuestras rodillas es reconocer
lo que ha hecho por nosotros, doblar nuestras rodillas es una actitud que dice,
ya no tenemos la capacidad de estar de pie frente a nuestro Señor, es una
indicación de entrega total a él.
2.
Confesar
con nuestra lengua que
Jesucristo es el Señor.
Al confesar con nuestra lengua que Jesucristo es
el Señor, lo que realmente estamos haciendo es posicionar a Cristo en un lugar
superior, en el lugar más importante de nuestra vida. Al confesar que Él es el
Señor, le estamos atribuyendo autoridad sobre nuestra vida. Dios le da un
Nombre que es sobre todo nombre y nosotros con esta confesión le hacemos
nuestro “Señor” (Kyrios) nuestro dueño, nuestro jefe.
Estas dos acciones van juntas, doblamos nuestras
rodillas ante el que tiene un nombre que es sobre todo nombre y confesamos con
nuestra boca que es el Señor.
En este día, empecemos a poner en práctica lo que
debe ser un hábito en cada uno de nosotros.
Sígueme en esta oración:
“Señor, quiero
comenzar estos 40 días contigo en el Centro como mejor pudiera hacerlo, hoy te
doy gracias por lo que has hecho por mí, no sería nada sin Ti. En este momento
doblo mis rodillas, no por algo que voy a hacer, lo hago por quien eres Señor,
tu Nombre es lo más grande que existe y ahora confieso con mi entendimiento que
eres mi Señor y te doy el centro de mi vida, ocupa el lugar de Señor dentro
mío, tu mandas en mí, renuncio a controlar mi vida y dejo que tú la controles,
en el nombre de Jesús. Amén”

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