CRISTO SEÑOR DE MI VIDA
Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora
vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se
entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20
Hemos transcurrido una semana más con el tema Jesús es el Señor de mi
vida, hoy haremos un repaso de lo estudiado y aprendido cada día.
El Hombre Natural
El mundo del hombre
natural está limitado por lo que él puede entender y por lo que él puede sentir
á través de sus sentimientos.
De acuerdo a esta
definición de hombre natural, este no puede entrar al Reino de los Cielos,
porque allí no hay lugar para lo racional. El hombre natural debe dejar que la
fe le permita entrar en el Reino de Dios. Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede
ver el Reino de Dios”[1]
Cristiano Carnal
Charles Stanley
menciona que “no podemos notar la
diferencia entre un cristiano carnal y una persona inconversa. Para ser más
exacto, usted no puede ver la diferencia entre el frío y el carnal porque la
verdad es que ambos están actuando de la misma manera. Ahora bien, uno de ellos
está en Cristo y el otro no. Uno de ellos está extraviado y el otro está en
Cristo. Uno de ellos conoce acerca de Dios y lo conoce por haber experimentado
la salvación; el otro no lo conoce en absoluto”.[2]
Cristiano Espiritual
El Cristiano
espiritual es una persona que se aleja continuamente de los deseos de la carne, el vivir bajo los
deseos de la carne nunca nos llevará al Señorío de Cristo. Sin embargo cuando
entregamos nuestra carnalidad, Cristo puede llegar a ser el Centro de nuestra
vida.
El Señor completará la Obra en
nosotros
El Señor va a perfeccionar su obra en cada uno de
nosotros. ¿Nos sentimos imperfectos, nos parece que todavía nos falta mucho
para llegar a ser como El y que Dios tiene que seguir trabajando con nosotros?
El apóstol Pablo nos dice en su carta a la Iglesia de Filipo que el que empezó
la buena obra, la va a seguir perfeccionando.
Un Sacrificio vivo, santo y
Agradable a Dios
Muchos cristianos que creen en Dios, pero sus
vidas no han cambiado como deberían haber cambiado, siguen viviendo como antes,
haciendo lo mismo que hacían antes de conocer a Cristo, siguen con los mismos
vicios y costumbres que antes, ellos no se han desligado de su vida pasada.
Estos cristianos viven una contradicción, dicen
que Cristo es su Señor, sin embargo no se someten a su voluntad. Cristo es su
Señor, pero viven como la gente que no tiene a Cristo.
Siempre transformado, jamás
conformado
El apóstol nos dice que no nos conformemos a este
siglo, ¿qué significa esto? ¿Cómo
podemos nosotros conformar a este siglo? En términos prácticos y en palabras
sencillas el apóstol nos está diciendo “no tomen la forma de este mundo”, “no
hagan lo que este mundo hace” “no se conformen con ser iguales a las personas
que no conocen a Dios”.
Nuestro entendimiento lo renovamos solo haciendo
que la palabra de Cristo more en abundancia en cada uno de nosotros[3].
Nuestra transformación viene, teniendo la mente de
Cristo[4].
Para decidir no conformarme y disponerme a ser
transformado, tengo que llenar mi mente de la Palabra de Dios y lograr tener la
mente de Cristo.
Oremos así:
“Señor en este día, te doy
el lugar más importante en mi vida, quiero que hoy ocupes el Centro de mi vida.
Te hago hoy mi Señor”

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